miércoles, 3 de junio de 2015

Crecimiento

Para mí, los cambios a los que estamos expuestos durante toda nuestra existencia son irreversibles.

Desde el cambio el tiempo presente nos permite construir el futuro. Nos vemos obligados a adaptarnos a una nueva experiencia cuya dinámica exige revisarnos, identificarnos, aunque en ocasiones tardemos en admitir y aceptar nuestra propia evolución.


El cambio exige. Y nuestras energías siempre serán llevadas al límite. Es preciso.
No adaptarse al cambio es detener el camino del crecimiento, del aprendizaje.
El miedo al cambio es la falta de adaptación, una ilusión falsa que creamos nosotros mismos.
Nuestro juego, el futsal,  nos demanda las máximas energías posibles para producir cambios en milésimas de segundo. El cambio es permanente e irrepetible.
Hablo de las situaciones del juego y las circunstancias atenuantes que inciden en el desarrollo de las acciones. Cada decisión es determinante.
Muchas veces el miedo a fallar o a no poder concretar las metas inhibe nuestra valentía para decidir.


Ahora bien, suponiendo que los cambios son irreversibles, y que el miedo a cambiar puede dominar nuestras acciones, traducido al juego, ¿qué podríamos perder arriesgándonos al cambio?
Creo que en realidad la decisión de cambiar al menos nos brinda una nueva oportunidad.
Perder es solo una ilusión que no se adapta al cambio.

            

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